14 de febrero de 2009

El desertor


Señor Presidente. Voy a escribirle una carta, que quizá usted lea, si dispone de tiempo. Acabo de recibir mis papeles militares para irme a la guerra antes del miércoles por la tarde. Señor Presidente, me gustaría no tener que hacerlo, pues no estoy en la tierra para matar a pobres gentes. No es por molestarle, pero he de comunicarle la decisión que he tomado. Voy a desertar. Después de haber nacido, he visto morir a mi padre. He visto partir a mis hermanos y llorar a mis hijos. Mi madre sufrió tanto que ya está en su tumba. Y se burla de las bombas. Y se burla de los gusanos.
Cuando estaba prisionero, me quitaron a mi mujer. Me quitaron mi alma. Y lo más querido de mi ayer. Mañana muy temprano, voy a dar con la puerta en la nariz a los años muertos, y me iré por los caminos. Mendigaré para vivir por los senderos de Francia. Desde Bretaña hasta Provenza. Y les diré a las gentes: No obedezcáis. No lo hagáis. No vayáis a la guerra. Negaros a partir.
Si hay que dar la sangre, id vosotros a dar la vuestra. Usted es buen apóstol, Señor Presidente. Si me hace perseguir, prevenga a los soldados que yo no iré armado, y podrán tirar sobre mí.

Boris Vian

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